JUBEY, Boca Chica. La grama artificial en los estadios afecta las articulaciones y la espalda del atleta, aumenta la temperatura al doble, lo cual hace imposible jugar al béisbol, porque deshidrata al cuerpo humano y acorta la durabilidad de la carrera del jugador.
Asegura que el 95 por ciento “y cuidado si el 99%” de los jugadores que actuaron en las Grandes Ligas entre las décadas de 1980 y 1990, “coincidimos en que nuestras carreras pudieron ser mucho mejores y más largas de haber jugado más partidos en grama natural”.
Quien así reflexiona lo hace basado en experiencia propia, el otrora guante de oro del campo corto e inmortal del Deporte dominicano Tony Fernández, quien se muestra opuesto a que al estadio Quisqueya de Santo Domingo se le cambie su grama natural por una carpeta artificial, basado en razones de salud.
Dice que solo hay que pensar, que en los 80 había 10 estadios con carpeta artificial y los han reducido a solo dos y que los Azulejos de Toronto van a eliminarla para 2017, lo cual significa que solo va a quedar uno con esa alfombra.
“Eso nos dice, que ellos (Grandes Ligas) están pensando en la longevidad de la carrera de los individuos. Entonces, si queremos una carrera más longeva de los jugadores, debemos pensar en grama natural y lo digo por experiencia propia”, dice la otrora estrella del campo corto en una entrevista para Licey TVHD con José Luis Mendoza.
Sustenta que la grama artificial va afectando las articulaciones y la parte baja de la espalda, o sea, el área lumbar, que en su caso, 14 años después de su retiro en 2001, le sigue causando molestias.
“En estos momentos, mi área lumbar me molesta y hablo con ex jugadores, como Lloyd Moseby, y me dicen lo mismo”, afirma Fernández durante la entrevista en el campo de entrenamiento de los Tigres del Licey en la academia de los Mets, en Boca Chica, donde el glorioso conjunto azul realizó el domingo 11 un pasadía familiar. Moseby fue el jardinero central de Toronto en la década de 1980.
diariolibre.com
