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sábado, 23 de julio de 2016

Nunca es tarde para el sexo y los asilos estadounidenses lo reconocen


Cuando Audrey Davison conoció a un hombre especial en su asilo para ancianos, quería estar con él. Sus enfermeras y ayudantes en el Hebrew Home de Riverdale no intentaron detenerla. Al contrario, le permitieron que se quedara en la habitación de su novio con la puerta cerrada bajo la “política de expresión sexual” en el asilo. Una ayudante incluso le hizo un letrero a la pareja, que decía “No molestar” para que lo colgaran en la puerta.

“Lo disfruté y fue un muy buen amante”, dijo Davison, de 85 años. 

“Eso fue parte de lo mucho que nos acercamos; tocamos nuestros cuerpos y nos besamos”.

Davison forma parte del grupo de estadounidenses mayores que están teniendo relaciones íntimas ya entrados en sus setenta y ochenta años. En algunos casos los medicamentos como el Viagra y actitudes sociales más tolerantes respecto al sexo fuera del matrimonio han provocado estos cambios. 


Estos amantes de edad avanzada se han enfrentado a las nociones tradicionales del envejecimiento y, en algunos casos, le plantean nuevos retos logísticos y legales a sus familias, a sus cuidadores y a las instituciones que se han convertido en su hogar.



Los asilos para ancianos en todo Estados Unidos han abordado el asunto como parte de un cambio generalizado del cuidado institucional al individual. Muchas instituciones ya han cambiado sus programaciones diarias con el fin de darle a los residentes más opciones para, por ejemplo, la hora del baño o la cena. El siguiente paso es permitir que los residentes tengan sexo y brindarles apoyo a quienes lo hacen.

“El sexo es parte esencial de quienes somos como personas”, dijo Marguerite McLaughlin, directora sénior de la American Health Care Association, la asociación comercial más grande de asilos que representa a casi 10.000 instituciones.

El Hebrew Home ha aumentado las iniciativas para ayudar a los residentes que buscan relaciones. Los empleados han organizado una hora feliz y un baile para ancianos, así como un servicio de citas llamado G-Date. Actualmente, cerca de 40 de los 870 residentes tienen una relación.

Beverly Herzog, de 88 años, es viuda y dijo que extrañaba compartir su cama. Su esposo, Bernard, solía acostarse con un brazo extendido. Acomódate, le decía, y ella se acurrucaba a su lado. “Odio meterme en una cama fría”, dijo. “Siento que nadie debería estar solo”.

Sin embargo, la intimidad en los asilos también plantea preguntas sobre si algunos residentes pueden tener sexo consensuado. Henry Rayhons, un exlegislador del estado de Iowa, fue acusado de abuso sexual en 2014 por tener sexo con su esposa, quien sufría de un severo caso de alzhéimer y se encontraba en un asilo. Un jurado lo declaró inocente.

El caso ayudó a debatir la falta de lineamientos claros para muchos asilos; solo unos cuantos, como el Hebrew Home, tienen políticas formales al respecto.

Cheryl Phillips, vicepresidenta sénior de LeadingAge, un grupo comercial que representa a más de 6000 proveedores de servicios para las personas mayores, dijo que el sexo será un tema recurrente con los baby boomers. “Han estado teniendo sexo —es parte de quienes son— y solo porque se muden a un asilo no significa que van a dejar de hacerlo”, dijo.

Daniel Reingold, el presidente y director general de RiverSpring Health, la empresa que opera el Hebrew Home, dijo que envejecer se trataba de experimentar la pérdida de facultades como la visión, audición, movilidad e incluso los amigos. ¿Por qué debería acabarse la intimidad? “No perdemos el placer que nos provoca el tacto”, dijo. “Si la intimidad hace que se tengan relaciones sexuales, entonces lidiemos con eso como adultos”.


El asilo creó una política de expresión sexual en 1995, después de que una enfermera entró a una habitación donde dos residentes estaban teniendo sexo. Cuando la enfermera le preguntó a Reingold qué debía hacer, él le respondió: “Sal sin hacer ruido y cierra la puerta”.

@nytimes