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domingo, 3 de julio de 2016

La joya de Julio 2 que se salvó de un milagro


SD. Luis José Almánzar Amézquita recibirá el bono más alto entre los prospectos dominicanos que podrán firmar a partir de mañana, más de US$4 millones, de acuerdo con Baseball America y otras fuentes, probablemente de los Padres de San Diego. Sólo el venezolano Kevin Maitán puede eclipsarlo en el continente. 

 Almánzar, de 6’0 y 188 libras, es un fenómeno; un torpedero premium con un “fusil” en el brazo, que puede tirar fuera de balance; también es dueño de un bate dulce de contacto y poder con paciencia en el home, que combina con una vista de halcón para identificar pitcheos, y tiene velocidad para correr. 


Cuando tenía 13 años, un equipo de la MLB pagó una investigación, porque no creía que un niño de esa edad podía hacer lo que él hacía. La enorme sala de su casa cerca de Bayona es un museo adornado con trofeos, medallas y placas logradas en torneos élites infantiles, como el Cal Ripken, RBI, Perfect Game, Pony League y Christian Lake.

 Pero cuando Almánzar tenía cinco meses en el vientre de su madre, el pediatra recomendó el aborto, tras determinar que la criatura nacería deforme, sordo, mudo, con retraso mental, y que podía morir antes de los tres meses, o ser un niño especial, además del peligro que representaba para la mamá. Pero minutos antes de proceder a la interrupción del embarazo, el médico que lo haría murió de un infarto, lo que dio espacio para escuchar otra opinión, y ésta recomendó continuar, no sin antes advertir de las posibles consecuencias.

 Almánzar, el tercer hijo de Yazmín y cuarto de José Luis, nació el primero de noviembre de 1999, tres días antes de lo previsto, al enredarse el cordón umbilical, y su vida pendió de un hilo por dos horas. Tenía rubéola, tuvo que pasar 90 días en una incubadora, de allí salió con dos libras de peso, sus primeros meses en el hogar apenas podía tomar 15 minutos de sol para dar color a su piel pálida y cualquier picada de mosquito podía terminar con su vida.


 Una vez superada la prueba, el béisbol lo flechó antes de hablar con fluidez, como muestra su padre en una foto con un pantalón de béisbol que le compró con tres años, y que nunca quería quitarse. Al lado de su hogar hay un play, para tener más tiempo de estar allí hacía las tareas en el colegio, y si no lo sacaban podía pasarse el día completo cuando no había escuela.

 Su padre, que solía trabajar hasta 18 horas como seguridad privada, lo apuntó en varias ligas, entre ellas la de Quique Cruz, sin mayores pretensiones, pero cuando tenía 11 años entendió que tenía un talento especial, y se convirtió en su ángel de guardia ,al punto que asegura que si el chico ha jugado cinco mil entradas desde entonces él ha estado a su lado en 4,999. Con esa edad ya era una estrella jugando con chicos de 13, y el hogar comenzaba a resultar pequeño para colocar los reconocimientos.


Cuando tenía 14 años, en 2014, reunió la familia, y determinaron que había que enviarlo a los Estados Unidos, una decisión sacrificada que le costaría buscar unos US$100 mil. Un año en el colegio American Heritage jugando con jóvenes un año mayores disparó sus bonos, y decidieron traerlo al país para ponerlo en las manos del entrenador Iván Noboa, quien terminó de “pulirlo”.

 “God is my guide” (Dios es mi guía) dice un letrero en la parte frontal del moderno Ford Mustang rojo de Almánzar hijo, que ocupa espacio en la marquesina, junto a un Chevrolet deportivo amarillo, también de su propiedad.

 NPerez@diariolibre.com